sábado, 16 de agosto de 2014

Destino: ¡La Madre Patria!


Barcelona, España. Vista desde el mirador del Parc Güell.  

¡Vámonos de viaje!

Antes de irnos con nuestras maletas imaginarias y equipaje ilusorio, les platico que todo comenzó un año atrás cuando me otorgaron una beca de manutención (viáticos) por parte de mi universidad para  estudiar seis meses en el extranjero. Fue un proceso largo en el que hubo muchos filtros a nivel nacional. Tenía que elegir varias opciones, yo solo anoté dos posibles países: Francia y España.

He de confesar que ir a España me hacía mucha ilusión, sentía que podría conectar muchos de mis cables sueltos mexicanos en aquellas conexiones ancestrales, conocer mi procedencia, el hacer un puente robusto hacia mi amada Hispanidad.
Además, España es tierra de santos, tierra de mártires, de doctores de la Iglesia y místicos. Aquí podría ahondar sobre hechos históricos que cambiaron el rumbo de la humanidad, profundizar y crecer en mi fe. Tenía que tener en consideración que no es fácil encontrar Misa diaria en la Europa de hoy.
Cena catalana con Mariela y Jorge. 

La ubicación de éste intercambio se la encomendé a mi Madre, la Virgen del Pilar, prometiéndole a su vez, que si me permitía estar en España, yo la visitaría hasta donde ella estuviese (realmente no sabía en qué provincia se encontraba la Virgen, un punto más para aumentar la aventura del viaje).

Así fue como después recibí la noticia de que estudiaría en la Universidad Autónoma de Barcelona. Viviría los próximos seis meses en la ciudad que alberga al “Arquitecto de Dios”, Antonio Gaudí; ciudad cuyo puerto conecta todas las rutas mediterráneas; nido de los azulgrana donde Messi hace sus proezas en el Camp Nou.

Así pues, hice un vuelo de 15 horas de México D.F. hasta Barcelona, haciendo escala en Madrid. Cuando llegué, me recibieron mis amigos de Guadalajara Jorge y Mariela, quienes muy generosamente me invitaron una semana con ellos en Manresa; pueblo con distancia de hora y media desde Barcelona, en el cual residían debido a la realización de su Master.  
Manresa, España. Desde el mirador de Santa María de Seu. Invierno 2014.

El pasar una semana en Manresa fue espectacular, me hacía mucha ilusión conocer el pueblo que pisó mi queridísimo San Ignacio de Loyola. Pensar que una vez consagrado en Montserrat al velar su armadura frente a la Moreneta (Virgen de Montserrat), llegó a Manresa para vivir en una cueva dedicándose a la oración y penitencia. 


Dicho sea de paso, cometí el grandísimo error de haber llevado conmigo 2 maletas enormes y un equipaje de mano. En uno de los equipajes grandes acomodé a mi viejo amigo: un violín chino que toco en el Mariachi al cual pertenezco en mi universidad. ¿¡En qué estaba pensando!? ¡Meter un violín en una maleta! Es verdad que no podía llevar su estuche como segundo equipaje de mano. Esto solo se les ocurre a melómanos locos, definitivamente.


¿Se preguntarán si llegó el violín hecho una hoja de papel? pues no, llegó sano y salvo, Deo gratias. 






Vela de armaduras de San Ignacio de Loyola
Santa Maria de Seu, Manresa. 


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