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| Barcelona, España. Vista desde el mirador del Parc Güell. |
¡Vámonos de viaje!
Antes de irnos con nuestras maletas
imaginarias y equipaje ilusorio, les platico que todo comenzó un año atrás
cuando me otorgaron una beca de manutención (viáticos) por parte de mi
universidad para estudiar seis meses en el extranjero. Fue un proceso
largo en el que hubo muchos filtros a nivel nacional. Tenía que elegir varias
opciones, yo solo anoté dos posibles países: Francia y España.
He de confesar que ir a España me hacía
mucha ilusión, sentía que podría conectar muchos de mis cables sueltos
mexicanos en aquellas conexiones ancestrales, conocer mi procedencia, el hacer
un puente robusto hacia mi amada Hispanidad.
Además, España es tierra de santos, tierra de mártires, de doctores de la Iglesia y místicos. Aquí podría ahondar sobre hechos históricos que cambiaron el rumbo de la humanidad, profundizar y crecer en mi fe. Tenía que tener en consideración que no es fácil encontrar Misa diaria en la Europa de hoy.
Además, España es tierra de santos, tierra de mártires, de doctores de la Iglesia y místicos. Aquí podría ahondar sobre hechos históricos que cambiaron el rumbo de la humanidad, profundizar y crecer en mi fe. Tenía que tener en consideración que no es fácil encontrar Misa diaria en la Europa de hoy.
La ubicación de éste intercambio se la
encomendé a mi Madre, la Virgen del Pilar, prometiéndole a su vez, que si me permitía
estar en España, yo la visitaría hasta donde ella estuviese (realmente no sabía
en qué provincia se encontraba la Virgen, un punto más para aumentar la
aventura del viaje).
Así fue como después recibí la noticia de que estudiaría
en la Universidad Autónoma de Barcelona. Viviría los próximos seis meses en la
ciudad que alberga al “Arquitecto de Dios”, Antonio Gaudí; ciudad cuyo puerto conecta
todas las rutas mediterráneas; nido de los azulgrana donde Messi hace sus proezas
en el Camp Nou.
Así pues, hice un vuelo de 15 horas de
México D.F. hasta Barcelona, haciendo escala en Madrid. Cuando llegué, me
recibieron mis amigos de Guadalajara Jorge y Mariela, quienes muy generosamente me invitaron una
semana con ellos en Manresa; pueblo con distancia de hora y media desde Barcelona, en
el cual residían debido a la realización de su Master.
| Manresa, España. Desde el mirador de Santa María de Seu. Invierno 2014. |
El pasar una semana en Manresa fue
espectacular, me hacía mucha ilusión conocer el pueblo que pisó mi queridísimo
San Ignacio de Loyola. Pensar que una vez consagrado en Montserrat al velar su
armadura frente a la Moreneta (Virgen
de Montserrat), llegó a Manresa para vivir en una cueva dedicándose a la oración y penitencia.
Dicho sea de paso, cometí el grandísimo
error de haber llevado conmigo 2 maletas enormes y un equipaje de mano. En uno
de los equipajes grandes acomodé a mi viejo amigo: un violín chino que toco en
el Mariachi al cual pertenezco en mi universidad. ¿¡En qué estaba pensando!? ¡Meter
un violín en una maleta! Es verdad que no podía llevar su estuche como segundo
equipaje de mano. Esto solo se les ocurre a melómanos locos, definitivamente.
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