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| Camino a Manresa. |
Llegamos de noche en un tren de Cercanía (los que recorren la periferia
de Cataluña), estábamos cerca de los 0°C,
la velocidad de los vientos reducía la gélida temperatura de mi
friolento y nada acostumbrado cuerpo mexicano.
Al frío no lo conozco, yo estoy moldeada para los 12°C del típico invierno
en Guadalajara, sin más.
Por el contrario, la temperatura no me afectaba en mucho al tener mi corazón inflamado por tan grande emoción de encontrarme con la misma tierra que pisó San Ignacio de Loyola, un Ignacio convertido y convencido de que su vida tenía que cambiar para darle gloria a su Creador.
Para quien no conoce a San
Ignacio, o solamente ha escuchado su nombre, o bien, de los Jesuitas (Compañía
de Jesús), les hago una breve introducción:
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| San Ignacio de Loyola |
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| San Ignacio de Loyola herido en la batalla de Pamplona |
Así fue como nuestro hidalgo
después de esta tormentosa hazaña permaneció varios meses en cama. Siendo un
ávido lector de novelas de caballería pidió que se le trajesen las que había en
esa casa, sin embargo solo le llevaron vidas de santos y la Biblia, no había
más. Comenzó a leer todo lo que le llevaban, mientras que Dios actuaba en su
alma. Ignacio cada vez que leía las heróicas vidas de santos decía: “Si éste hizo esto, entonces yo también. Y si tal otro
hizo esto por amor a su Señor, entonces yo también”.
Una vez convertido, decidió dejar
todas sus nobles empresas para dedicarse a la vida ascética; a la oración, al
ayuno, y después dirigirse a Tierra
Santa, donde vivió nuestro Señor Jesucristo. Antes de su partida a tan lejanas tierras, encilló su corcel y
viajó a las montañas de Montserrat para velar sus armaduras toda la noche ante la Vírgen morena. La vela de armadura lo hacía todo joven que se convertía en caballero, una
noche antes de su nombramiento por el rey tendría que velar sus armaduras
frente al altar.
| Vigilia previa al nombramiento de caballero, frente al Altar. |
“La nobleza sola parecía insuficiente sin la caballería. Siguiendo el ritual establecido, la víspera veló (San Fernando III Rey de España, 1220 d.C.) las armas en el monasterio de las Huelgas. Tras lavarse el cuerpo y purificar el alma con la confesión, pasó la noche entera en el interior del templo, a ratos de pie, a ratos de rodillas, en oración sostenida, ya que “la vigilia de los caballeros - según se lee en un viejo texto- non fue establecida para juegos, sino para rogar a Dios que los guarde, e que los enderece, e alivie, como a omes que entran en carrera de muerte”. [1]
Solo Dios sabe lo que éste santo
varón le dijo a la Santísima Virgen aquella noche. Puso sus armaduras
frente al
altar ofreciéndolas, para que al día siguiente saliera del monasterio como un
hombre de Dios.
Regaló sus vestiduras a un
mendigo, compró un sayal de textura áspera, se descalzó y comenzó su viaje
hasta Manresa, pues era un pueblo intermedio donde decidió pasar solo un breve
tiempo para refugiarse en una cueva y comenzar su vida de oración, penitencia y
pobreza.
| Pont Vell, puente construido en el siglo XII por donde pasa el río Cardoner. |
Aquí tuvo varios encuentros
místicos, una de ellas fue “la visión del Cardoner”, donde Dios le revela el
misterio de la Santísima Trinidad. Se llama del Cardoner, ya que éste es un río que pasa justo delante de la cueva
del santo; así mientras él observaba el afluente comenzó a tener estas luces
espirituales. Cabe mencionar que el
famoso libro de los Ejercicios Espirituales lo escribiría en esta misma cueva. Los
Ejercicios han convertido a miles,
incluso innumerables santos cambiaron su vida de pecado al practicarlos.
| Capilla de la basílica Santa María de Seu, debajo del altar mayor. En el altar se tienen reliquias de protomártires. |
Después de 11 meses en Manresa,
San Ignacio se ve impedido de realizar su viaje a Tierra Santa, por lo que se
va a estudiar a Francia y comienza a formar lo que sería más adelante la
Compañía de Jesús.
| Altar lateral de San José Basílica Sta. María de Seu. |
Era tanta mi
alegría por estar en este pueblo que cada día visitaba la basílica de Santa
María de Seu, donde el párroco me platicó que San Ignacio pasaba horas y horas
orando ante el altar lateral de San José. Así bien, yo me acercaba a éste para
pedir su intercesión, desconociendo en ese momento el tremendo patrocinio que
el Señor San José ejercería durante todo mi viaje. Él fue mi santo patrono en
mi travesía durante los 6 meses en Europa.
Manresa fue un buen comienzo para
lo que después sería toda mi peregrinación por todo el “viejo continente”.
[1] Sáenz, Alfredo. "San Fernando". Colección Patria y Cielo. Ed. APC. Guadalajara: 2006.
| Vista desde la basílica Santa María de Seu, al fondo a la izquierda esta la Cueva de San Ignacio, con edificios de la Compañia de Jesús. |
| Basílica Santa María de Seu al fondo. Foto desde el puente del Cardoner, el mismo que cruzó San Ignacio de Loyola cuando llegó a Manresa. |






